“Cada deporte tiene
sus propias emociones, pero para un reportero gráfico siempre es la misma sin
importar si hay pelota o pataleada”. Así
describe el fotógrafo brasileño Joao Meccecacco a la profesión de reportero
gráfico.
Esa misma emoción la sentí la noche de Phelps, “The Phelps’s Nigth”, en el
Estadio Acuático, del Parque Olímpico de Rio de Janeiro, en donde el
estadounidense obtuvo dos de las 6 medallas (5 oro y 1 plata) que ganó en los
Juegos Olímpicos de 2016.
Me especializo en futbol, pero ese día fue la primera vez
que di cobertura a una final de natación en donde no había nada de diferente en
lo que respecta a la explosividad y emotividad del público solo que en lugar de grama era agua, simplemente puedo
decir que si el mejor del mundo en futbol es Messi o Cristian (por aquello de los colores), en la piscina es Phelps.
“The best of de bests” envolvió el
escenario cuando el tiburón Baltimore salió a la piscina para competir, y luego de un minuto y 36 segundos se escucha el
estruendo al saber que había logrado su medalla 20 en estas justas.
A pesar de que Brasil se caracteriza por sus zamba y
ambiente playero, los eventos han carecido de ello, las batucadas sólo fueron
escuchas en el estadio Maracaná, el día de la inauguración.
Al final de la noche la única conclusión que me deja esta
cobertura es que aunque tengas la mejor técnica y equipo fotográfico, todo se
vuelve insignificante para conseguir la foto que deseas, si te impregnas de la
vibra y pasión que de los miles de aficionados y del corazón del atleta al
darlo todo para alcanzar la excelencia.